Se ha oído y leído mucha demagogia acerca de la Escuela 2.0 estos días y quisiera dar mi visión con la mayor franqueza posible. Por supuesto, lo que voy a exponer a continuación es únicamente mi propio punto de vista y ni represento a ningún colectivo ni pretendo hacerlo.
Soy profesor de secundaria y, en mi centro, he votado no al proyecto. Al hacerlo, por supuesto, he pensado en mis alumnos. Quiero pensar que Eva Almunia y el resto de nuestros dirigentes, al ofrecer el proyecto, también lo han hecho. Igual que ella, no entendería la existencia de otros motivos. Pero aquí acaba la corta lista de criterios coincidentes.
No pongo en duda que el uso de herramientas informáticas ayude a una educación más efectiva; de hecho, mi forma de trabajo (fuera y dentro del aula) orbita fundamentalmente en torno a ellas. Pero sí pongo en duda que el proyecto que se nos ha ofrecido a los centros sea el adecuado.
Escuela 2.0 no es un proyecto de digitalización de las aulas (sea lo que sea lo que esto signifique), es un pack de todo o nada que hemos de aceptar tal como se nos ofrece y en el orden en el que se nos ofrece. El Pack incluye subportátiles para todos los alumnos de 1º de ESO, con unos programas específicos de partida (que no hemos elegido) y pizarras digitales para todas las aulas de la ESO. Es como si, para solucionar la incomunicación de algunos pueblos del Pirineo, se empezara por dotar a todos sus habitantes con coches eléctricos… ¿No habría que asegurarse primero que pueden mantenerse las carreteras limpias, que todos los habitantes pueden conducirlos, que tienen puntos donde recargar sus baterías? Es más, ¿no habría que asegurarse que ese es el tipo de transporte que necesitan?
Como ocurre siempre, nadie nos pregunta. Nos dicen la herramienta que hemos de usar y con quién hemos de usarla y nos la sueltan. Hagan ustedes el resto, pero sigan el camino que les hemos marcado… Aún entrando en el proyecto, ninguno de los alumnos que hay actualmente en mi centro tocaría esos subportátiles. Si son tan importantes, ¿no es algo contradictorio? Tanto que hemos hablado en años anteriores de trabajo en grupo y aprendizaje cooperativo, ¿no sería más racional poder organizar un método de forma que todos los alumnos que tenemos en los centros, en grupos, pudieran hacer uso de las nuevas tecnologías? La inversión podría ser menor y mucho más racional. Y eso sin entrar a valorar algunos programas que incluyen los equipos, cuyas licencias pagamos religiosamente a pesar de existir alternativas libres y gratuitas. Y qué decir de su diseño, heredero de la informática 1.0 sólo que en unas pantallas mucho menores; letra pequeña, teclado pequeño… dista mucho de ser cómodo de manejo y no quiero pensar la fatiga al final de la mañana si realmente se usan con asiduidad. "No se van a usar tanto", me han llegado a decir. Bonito despilfarro, entonces. Me permito recordar que es precisamente esta política del derroche la que ya nos ha llevado hasta donde estamos ahora.
¿Tan complicado es empezar, por ejemplo, poniendo pizarras digitales en todas las aulas? En una segunda, fase, y en función de cómo fuera el proceso (y de cómo estuviera de saneado el erario público) se podría pasar a mayores. Pero no se nos da esa opción. O conmigo o sin mí. Por otra parte, no sé a qué colegios irán los hijos de los demás, pero puedo asegurar que en el de mi hija (y en los de mis compañeros), no eran muchas las veces que por semana tocaban los tablets. Si eso es "truncar las expectativas de los alumnos", como pomposamente se ha declarado… Tanto en colegios como en institutos, el esfuerzo que realizamos los educadores en este sentido intenta suplir la (insuficiente) ayuda que recibimos. ¿Cómo ha de repetirse que se necesita una estrategia pedagógica?¿Cómo hacer ver, una vez más, que esto es precisamente lo contrario? Nos dan clavos. Necesitamos martillos.
Como profesional de la educación es mi responsabilidad velar por conseguir la mejor educación para mis alumnos. Por ello, también deseo que el dinero que se invierta en educación se dirija allí donde haga falta. Votar no a Escuela 2.0 no es votar no a las tecnologías. Es votar no a la política del derroche, a la política de la imposición irracional, a la política del todo o nada. Mi voto es un mensaje franco y sencillo a sus promotores: Así no se hacen las cosas. Si realmente lo queréis, ayudadme a educar a mis alumnos. Pero, por favor, hacedlo desde las aulas, no desde el Olimpo.

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